Desde el Suburbio: La otra vacuna

Por Roberto Frangella, el arquitecto descalzo

Luego de haber pasado un año de cuarentena y aislamientos, el mundo entero, el planeta tierra, espera con ansiedad la vacuna salvadora. Las hay con 90 %, 92%, 94% de efectividad y éxito. Que alivio será recuperar la salud del cuerpo, pero me gustaría que al mismo tiempo, como consecuencia de lo que hemos sufrido, ansiáramos otra vacuna para las conciencias. Una para orientar las conductas, para traer la armonía social. Esta vacuna se llama «Fraternidad «y previene contra el virus del egoísmo, de provocar diferencias sociales, de crear privilegiados y excluidos. Y así como los laboratorios mundiales se han unido para contener al virus Covid, creo que los laboratorios del bien común deberán redoblar esfuerzos para que no siempre ganen los dominadores. Y por suerte estos laboratorios existen y están en acción, así que confiemos en que llegara esa vacuna a las conciencias de todos.

El espíritu del bien común vacunará contra el espíritu del individualismo egoísta gracias a todas aquellas mujeres y hombres de buena voluntad que desde sus lugares construyen cada día la paz: en los hospitales, en las escuelas, en los comedores populares, en las siembras, en las cosechas, en las obras, en los medios de transporte y en cada sitio cuyo objetivo es la construcción de la igualdad social. Y los arquitectos, nuestro querido oficio, también desde sus laboratorios debe contribuir a la vacuna de la fraternidad. Gracias a Dios hay muchos que han comprendido que no se puede tener un hábitat digno y una vivienda propia, si no la tienen todos por igual. No se puede estar tranquilo si estamos vacunados y otros no lo pudieron estar.

En un reciente ciclo de encuentros organizado por el CAPBA, se compartieron muchas experiencias esperanzadoras, experiencias que hasta ahora eran invisibilizadas, pero se compartieron y serán semilla para la vacuna tan ansiada y así quizás algún día pueda reinar la justicia y la paz.

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